Capítulo 12
El día que llegaste
Aquella noche llovía como no había llovido en todo el invierno. Tu padre no encontraba las llaves del coche y yo no paraba de reírme de los nervios…
Cuando por fin te pusieron en mis brazos, lo primero que pensé fue que tenías las manos de tu abuela. Todavía hoy, cuando te veo coger una taza, me acuerdo de aquel momento.








