Capítulo 3
El pueblo de mi infancia
En el pueblo no había más que una calle empedrada, la fragua de mi tío y la fuente donde las mujeres iban a por agua. Para nosotros era el mundo entero…
En verano dormíamos con las ventanas abiertas y se oía a los grillos hasta el amanecer. Tu bisabuelo se levantaba antes que el sol, y yo, con siete años, quería ser como él.








